Tlalpujahua
Es un pueblo mágico del que se dice, que se negó a morir, porque durante más de tres siglos fue un sitio de bonanza minera con minas de oro y plata. Actualmente destaca por contar con la fábrica de esferas navideñas más grande del mundo y su serena belleza lo incluyó en el Programa de Pueblos Mágicos de México.
Ahí se encuentran el museo que fue la casa natal de los hermanos López Rayón que fueron protagonistas importantes de la Independencia de México, la Mina Dos Estrellas que es el actual Museo Tecnológico, el Centro Ecoturístico Campo de Gallo y las joyas arquitectónicas del siglo XVII el Convento, el Santuario y el templo de El Carmen.
Es un pueblo de origen prehispánico mazahua o mazahuatl. Tlalpujahuac, como se le llamaba, es una palabra nahua que algunos investigadores traducen como en las tierras esponjadas o fofas. Sus raíces son "Tlalli", tierra y "Poxohuac", cosa esponjada o fofa. Antes de la llegada de los españoles, el lugar fue un punto de constante conflicto, pues se localiza en los límites de dos poderosos imperios: el tarasco y el azteca. Los primeros llegaron a este lugar aproximadamente en 1460 y posteriormente lo hicieron los aztecas, comandados por Axayácatl. En 1560 recibió la afluencia de españoles por el hallazgo de minas de oro y plata y se le dio el título de Real de Minas de Tlalpujahua. Diez años más tarde se le nombró Alcaldía Mayor y dependió directamente del Virrey. A principios del siglo XVIII un incendio destruyó parte del pueblo reduciendo a cenizas importantes edificios y documentos de la ciudad.
En 1820 Tlalpujahua -la cuna de los hermanos López Rayón- estaba deshecha por la guerra de Independencia y la mayor parte de sus minas abandonadas. Por 1822 se constituyó el primer ayuntamiento.
El 27 de mayo de 1937 es una de las fechas más tristes en la memoria de los tlalpujahuenses. Fue por la madrugada cuando un fuerte estruendo despertó a los pobladores que fueron sorprendidos por un alud de lodo que descendió por la colina y sepultó los principales barrios del pueblo. El alud se formó con el material extraído de las entrañas de la tierra y al detenerse se solidificó de inmediato como el concreto. De lo que fuera el centro del poblado quedó como único testigo la torre de la vieja iglesia sobresaliendo del llano que se formó con aquél alud. La comunidad extrajo del lodo un muro de adobe del templo el que se ubicaba tras el altar del templo porque ahí una mano anónima pintó la imagen de la Virgen del Carmen, Santa Patrona del pueblo. El muro se trasladó a un nuevo hogar, el templo principal de Tlalpujahua donde aun hoy se la puede ver. Dicen los lugareños que el rostro de la virgen sobresalía del suelo, como asomándose sobre el lodo y que el alud rompió las paredes del templo e ingresó en el recinto pero se detuvo frente a la virgen sin tocarla. Con esa tragedia y con ese milagro comenzó el fin de la actividad minera del pueblo pero sus habitantes, que en un principio se vieron forzados a emigrar en busca de empleo, retornaron más tarde y decidieron convertirse en artesanos.
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